Pitt observaba desde la entrada principal de la enorme mansión de Víktor Torosyan, como un Lamborghini Sián atravesaba la verja que era custodiada por diez hombres armados.
Scott se bajó del coche acompañado de Danny, ambos saludaron al mexicano con un abrazo, no había empleado o jefe en ese momento, solo tres hombres dispuestos a lo que sea para ayudar a un amigo.
–¿Cómo está Víktor? –Scott preguntó con un tono preocupado.
–Lleva tres días encerrado en su despacho con varias botellas de alco