Mundo ficciónIniciar sesiónNo solo yo lo era, por su madre, la pequeña Lourdes era feliz. Cada dos horas u hora y media tenía hambre yo feliz la complacía. Comía, dormía, ensuciaba, apenas lloraba una multitud de brazos estaban a sus órdenes.
Emanuel y Rosita no soltaban una maraca roja y al pasar los días la niña ya sabía de ellos apenas entraban. El doctor Caster y la







