Capítulo 22: El aterrizaje.
Ivy amaba el mar, le transmitía serenidad y le hacían tener pensamientos positivos y evadir muchas cosas en su mente, sobre todo después de haber hecho exactamente lo que se prometió que no repetiría, había terminado entre las sábanas con su rival una vez más y ni siquiera había a quién culpar, ella misma se introdujo en aquella situación y mientras se perdía en los ojos azules de Mathew Hoogen pensaba en que había sido fantástico, hasta que terminó por supuesto, esos minutos en silencio bastaro