Capítulo 100: Es hora.
El rugido de las sirenas de la policía de Barbados y el eco de los rotores de los helicópteros de rescate llenaron el valle del norte, pero para Ivy, el mundo se había quedado en un silencio absoluto y gélido. Permanecía sentada en el suelo, con la ropa hecha jirones y el rostro manchado de hollín y la sangre de quienes compartían su ADN pero no su alma.
Tyler no la soltaba. Su brazo rodeaba sus hombros con la firmeza de un escudo, mientras Mathew, a unos metros de distancia, hablaba frenéticam