Tami
—Hemos perdido meses de trabajo buscándolo, al llegar a la bodega, ya no había nadie.
—Es porque ese hijo de puta siempre está un paso adelante de nosotros.
—Se me hace que tienes un sapo — le corregí.
—Puede que sí — resolvió con fastidio—. ¿Qué harás con la chica? ¿Irás por ella?
—Faltaba más, no puedo dejar que mi palomita siga por más tiempo en las garras de ese perro.
Cuando pretendía responderme con una de las suyas, el teléfono que está enlazado con el de Natalie, sonó alertandonos.