El horizonte de Singapur emergió del Mar de China Meridional como una alucinación de acero, vidrio y luces de neón que desafiaban la oscuridad del océano. La sofisticación de la ciudad-estado, con sus rascacielos que arañaban las nubes y su orden casi clínico, era el escenario perfecto para que Gabriel y Aura desaparecieran... o para que fueran finalmente devorados. El monzón de los Ghats era ahora un recuerdo húmedo, reemplazado por el aire acondicionado gélido de un jet privado que los había