Luther.
El dolor fue inmediato.
Cuando el vínculo entre Malzahar y yo se rompió, una agonía indescriptible recorrió cada fibra de mi cuerpo. Sentí cómo algo dentro de mí se desgarraba, una separación brutal que no solo afectaba mi carne, sino mi propia alma.
Pero no era solo mi dolor.
Malzahar también lo sintió igual o peor.
Y por primera vez, pude verlo.
El demonio que habitó dentro de mí durante tanto tiempo ya no era una presencia oscura, ni una sombra en mi conciencia. Ahora era un hombre.