POV de Mathilda
El frío de la sala de visitas en la unidad de máxima seguridad del hospital penitenciario era distinto al de mi ático. Aquí, el aire olía a metal oxidado, a orina mal limpiada y a la desesperación de hombres que ya no tenían nada que perder. Me senté frente al cristal reforzado, esperando a que los guardias trajeran al hombre que, apenas cuarenta y ocho horas antes, yo había intentado destruir para siempre.
La puerta de hierro se abrió con un estruendo. Dos oficiales empujaron u