POV de Mathilda
Las luces del estudio fotográfico se sienten diez veces más calientes de lo habitual. El sonido incesante de los disparos de la cámara retumba en mis oídos como ráfagas de tiros. Estoy de pie en el centro del set, diseñado para parecer un jardín invernal congelado: un contraste brutal con el torbellino que me quema por dentro desde que llegaron esos mensajes anónimos hace dos noches.
—¡Perfecto, Elena! ¡Dame una mirada más fría! ¡Más afilada! ¡Eres la reina de hielo sin corazón