43. ¡Debemos correr el riesgo!
La noche era densa y oscura, como si la luna misma estuviera reteniendo su luz en espera de lo que estaba por suceder. Evelyn paseaba de un lado a otro en la habitación, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su frustración era palpable. El aire estaba cargado de tensión, y el silencio solo era roto por el crujido de las maderas del viejo edificio.
—Esto tiene que detenerse —soltó al fin, dirigiéndose a la figura sombría que se mantenía en la penumbra de la estancia—. No puedes dejar que e