—Tienes razón —admitió con voz baja, con sus ojos aún fijos en el suelo—. Pero no puedo evitar pensar en lo que pasará. Hay tanto que arreglar, y no quiero que nada de esto... —hizo un gesto entre ellos—... se vea afectado.
Nolan la observó en silencio por un momento, como si estuviera procesando lo que decía. Finalmente, dio un paso hacia ella y tomó su rostro entre las manos, obligándola a mirarlo a los ojos.
—Alaia, te prometo que lo que tengamos no va a depender de Liam ni de la manada ni