El consultorio estaba sumido en una tenue luz que se colaba por las cortinas, envolviendo el espacio en una atmósfera íntima y cargada de tensión. Alaia aún sentía el calor de los labios de Nolan sobre los suyos, mientras él se inclinaba y pegaba su frente a la de ella.
Ambos respiraban profundamente, como si el aire a su alrededor hubiese cambiado, cargado de una electricidad palpable. Nolan sonreía, con una expresión que revelaba tanto ternura como satisfacción.
Alaia abrió los ojos lentamen