Esa noche, Alaia llegó a la mansión Ryker agotada, tanto física como mentalmente. El rechazo de Nolan todavía quemaba en su pecho.
Se sentía vacía, como si cada rechazo hubiera arrancado una parte de su alma. Y ahora, aquí estaba, sentada frente a Liam, con su sonrisa amplia y sus ilusiones a flor de piel.
—Deberíamos salir a cenar —le había propuesto Liam esa misma tarde, con una insistencia que le resultaba familiar.
Y aunque cada parte de su ser quería decir que no, las palabras de Nolan s