—¿Dónde la tienen? —gruñó, acercándose al hombre, casi exigiendo respuestas.
—No lo sabemos aún. Agnes fue muy astuta —suspiró con frustración—. No dio tiempo de reaccionar. La camioneta en la que la llevaron no tenía placas y ella no se ha comunicado con nadie aún.
Nolan apretó los puños, con su mente trabajando frenéticamente. El miedo por la vida de Alaia lo desgarraba por dentro.
Sabía lo cruel que podía ser Agnes, y no le cabía duda de que la mujer haría cualquier cosa para vengarse de Al