Alaia entró al salón de la mansión con pasos rápidos y la respiración agitada. Apenas cruzó el umbral, se detuvo en seco al ver a Liam sentado en el sillón.
Había algo diferente en su expresión; la preocupación dibujaba líneas profundas en su rostro, y Alaia, sabiendo que algo malo había sucedido, contuvo el aliento.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, adelantándose unos pasos.
Liam levantó la vista y la observó, meditando sus palabras por un segundo antes de hablar.
—Agnes atacó —dijo con un tono som