La visión de Alaia, medio colgada de Ragnar con una sonrisa lasciva en el rostro, le hizo hervir la sangre.
Su mandíbula se tensó al ver cómo sus manos intentaban quitarle la ropa a ese hombre, y cada fibra de su ser se llenó de una rabia irracional, de celos que no sabía cómo iba a poder controlar.
Alaia frunció el ceño, mirando a Ragnar con un destello de confusión, luego se volvió hacia Nolan y una sonrisa traviesa curvó sus labios.
—Oye, eres... muy guapo... y sexy —dijo, con un tono casi