El aire estaba cargado de tensión y Nolan lo sabía. No era una situación que pudiera explicar fácilmente, y sabía que su hermano no lo dejaría pasar.
—¿Por qué estás tan lejos, Nolan? —murmuró Alaia de pronto con voz ronca—. Ven aquí... bésame.
La pregunta recorrió la columna de Nolan como una descarga eléctrica y maldijo entre dientes, sabiendo que la situación ya era suficientemente delicada.
Ella estaba aún sumida en los efectos de la droga, con una sonrisa traviesa en los labios.
—¿Qué? ¡¿