Capítulo 96.
Yo era algo así como la pequeña hermana que a veces se convertía en macho, por lo que me dejaron participar en su cosa masculina de golpear sus brazos.
-¡Tú puedes, Iris!
Golpe.
¡Ay!
-Usa el movimiento que te enseñé.
Golpe.
Mierda, dolía.
-Recuerda ir por sus bolas.
Golpe.
No más.
Por supuesto, cuando catorce lobos pasaron a desearme "suerte" solo a mí me dieron ánimos o consejos sobre qué hacer en caso de ver a un Renegado.
¿No podían hacerlo sin la parte de golpear mi brazo? Brutos, eso eran