Capítulo 67.
Había escondido una cosita en mi mano que sería de utilidad.
Dudaba que el Alfa Supremo se molestara por mi iniciativa.
Era parte de mi encanto.
Me senté sobre el estómago del Renegado e hice una mueca de asco. ¿Todos tenían que oler tan mal?
Le quité la venda que cubría la parte de arriba de su pecho y solté un silbido bajo.
El tipo no tenía ni siquiera fuerza como para sacar sus garras. No me extrañaba viendo que tenía un agujero; casi le sacan el corazón del pecho.
-Lindo trabajo. -