Capítulo 47.
Entonces me tomó por el trasero, literalmente y yo puse mis manos al rededor de su cuello sorprendida mientras mis piernas se enredaban en su cintura.
Nuestros ojos se encontraron.
Él no tenía ninguna expresión así que la voz suave que salió de él a continuación fue extraña a mis oídos.
-Ahora, lobas ¿Creen que podrían prestarme ese local por unos minutos? Tengo un asunto que atender para que la señorita me demuestre lo mucho que le ha gustado mi regalo.
Desvié mis ojos hacia las lobas.