Capítulo 20.

Le expliqué lo que había dicho la agradable anciana y él miró hacia la dirección de esa manada.

-Volvamos a nuestra manada. Tengo que ir por refuerzos y tú necesitas descansar. Quizá ponerte un abrigo.

-No tengo uno. - Dije alegremente. Mientras me tomaba en brazos y comenzaba a correr por el bosque. - Y hablando de ropa, quisiera disculparme con usted, Alfa Supremo.

-¿Por qué?

-Porque he dejado una pila de ropa mojada en su oficina. Dudo que con el frío que hace en su humilde hogar su sill
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