Capítulo 103.
Sus dedos recorrieron suavemente la venda y yo dejé de respirar hasta que encontró cómo quitármela.
Lo hizo lentamente, como si estuviera desenvolviendo algo delicado.
La primera y la segunda venda cayeron hasta mi cintura antes de que simplemente las arrojara fuera de la bañera.
-Bien. No te quedará cicatriz. - Murmuró tocando con las yemas de sus dedos las marcas de garras en mi espalda. -Ahora puedes abrir el grifo con agua caliente.
Saliendo de la neblina que embotaba un poco mi cerebro, gi