Mi mente volvió al sueño.
Andrés estaba de pie frente a la cámara de sanación junto a mi hermano, mirando a Carla con ese amor tierno y hablando de mí con fría indiferencia.
—Nunca me arrepentí.
Quince años de mi vida.
El amor más apasionado, más sincero que jamás había sentido.
Desperdiciado en alguien como él.
Solté una carcajada repentina y logré liberar mi pierna antes de que los renegados pudieran atacarme.
—Patético.
Aunque mi tobillo herido ardía, dejé que mi loba emergiera.
Con las garra