Llegué a Londres un mes antes de que Miguel llegara.
Frente al Colegio Europeo de Sanación, estaba a punto de pedir direcciones cuando vi un rostro familiar.
Alejandro Vargas, varios años más joven de como lo recordaba.
Estaba cara a cara con una loba alta y delgada, con túnica de sanadora. Un colgante plateado colgaba de su cuello: el símbolo de una estudiante de élite.
—Esa fórmula es mía. —Espetó ella. —¿Quién te dio permiso para negociar alianzas de manadas usando mi investigación?
Vargas fo