Antes del juicio del Rey Alfa, decidí visitar a mis viejos conocidos en las celdas con revestimiento de plata.
El primero fue Miguel.
Su poder Alfa apenas era una sombra de lo que había sido, pero sus ojos seguían ardiendo de odio.
Sonreí.
—No me mires así, hermano.
—Ya sé lo que estás pensando.
—¿Ser desterrado como un lobo solitario? Ya pasé por eso una vez. ¿De verdad creíste que me fui a Europa solo a disfrutar?
Durante esos meses, apenas dormía.
Entre las clases del Colegio Alfa y la constr