Después de dejarme más que ansiosa por él, me mira a los ojos y me pregunta si estoy lista para recibirlo.
—Seguro —digo, y antes de poder hacer algo, entra de repente con fuerza. Me sostengo de su espalda y me dejo llevar.
Después de hacerlo con intensidad y plenitud, me quedo dormida por la fatiga. Al despertar, Bernardo ya no está en la habitación. Ha dejado el vestido que me quitó sobre la silla. Es muy ordenado y atento.
Me levanto y me doy una ducha. Después de eso, llamo a mi jefe y coor