Capítulo 74. Como mar revuelto y en calma.
Max entró en la habitación de los gemelos con el rostro enrojecido por la furia. Con una seriedad aplastante, ordenó a las niñeras que se fueran y lo dejaran a solas con Abigail. Ella, sorprendida por su actitud, lo miró con preocupación.
—¿Qué ocurre, Max? —preguntó ella con voz temblorosa.
Sin responderle, él sacó el móvil y le mostró el audio que Elisa le había enviado durante el trayecto. La voz de Castell resonó en la habitación, confesando su amor por Abigail y revelando los deseos pertur