Capítulo 28. Cayendo en la trampa.
Max amaneció con una sonrisa en los labios, sintiendo que, a pesar de todo, la vida le sonreía. Era como si cada día que pasaba su vida se transformara y avanzara junto a Abigail lentamente, pero con firmeza. Ambos estaban sentados en la sala de espera, compartiendo un momento de complicidad, cuando sus miradas se cruzaron llenas de emoción y expectativa.
De repente, la secretaria del doctor apareció en la puerta del consultorio.
—Señora Abigail, el doctor está listo para atenderla —anunció con