— No es nada — le dije — ve que te necesitan.
Ella asintió y se fue entonces yo me puse la camisa, al salir la mire hablando con una pequeña que tenía una gran herida en su frente y le decía que todo iba a estar bien.
— ¿Quieres tomar mi mano?— le pregunto y ella asintió — bien es hora de la anestesia, no te preocupes que solo va a doler un poco, el doctor Fernández es un buen médico así que tranquila.
Lucía no dejaba de mirar a la pequeña y cuando le colocaron la anestesia aunque le dolí