Al día siguiente que me desperté ella se encontraba boca abajo mientras su pierna estaba encima de mi cuerpo, se miraba lindamente greñuda y mientras dormía respiraba profundamente e incluso suspiraba. Intenté apartar su pierna pero cuando lo hice me abrazó como si fuera un oso de peluche enorme.
El rato pasó y ella comenzó a despertarse, su mano palmeó la zona donde estaba y terminó por darme un golpe en el rostro.
— Ouch — dije y ella abrió los ojos — eso dolió, buenos días Lucía.
Cuando m