Natália
La puerta se cerró en nuestra cara con tanta fuerza que el sonido aún resonaba en mi cabeza mientras el guardia nos escoltaba hasta la puerta de la mansión como si fuéramos criminales. Sentí el sabor amargo de la humillación en la garganta, y si tuviera algún orgullo, habría quedado allí, pisoteado en el suelo de esa maldita casa.
Mi mejilla todavía ardía. La marca de la bofetada que Khaled me dio aún palpitaba. ¿Y la peor parte? Bianca estaba en silencio. Con los ojos bajos. Asustada.