Lara
Lo que ocurrió aquella noche quedó grabado en mi cuerpo.
No por el dolor del corte en la mano, sino por lo que significaba.
Khaled selló algo en mí. Algo invisible y profundo. Algo que no era solo amor. Era posesión.
Y esa mañana, incluso con el sol filtrándose por las ventanas de nuestro dormitorio dorado, todo se sentía denso. Demasiado silencioso. Como si la casa supiera.
Khaled salió temprano. Dijo que tenía reuniones con ministros e inversionistas. Me besó la frente y me pidió que de