Narrado por Lara
Vestirme con ese vestido fue como ponerme una armadura.
Khaled me lo había pedido — no, ordenado — que estuviera lista a las siete de la noche. No dijo a dónde iríamos. Solo dejó sobre la cama una de las prendas más lujosas que había tocado en mi vida. Un vestido dorado, bordado a mano con piedras discretas que brillaban como fuego bajo cualquier luz. Largo, elegante, sin escote, pero ajustado al cuerpo lo suficiente para dejar claro a quién pertenecía.
Mientras Samira me ayuda