Lara
Dormí abrazada a él, pero desperté sola.
O al menos… creí que había dormido.
La verdad es que la noche pasó sobre mí como un susurro venenoso. Mi cuerpo estaba allí, pero mi mente vagaba por un laberinto de imágenes que no parecían sueños — parecían mensajes.
Todo era demasiado nítido.
En el sueño, caminaba por un pasillo interminable, con paredes de piedra oscura y velas encendidas a los lados. Mis pies descalzos tocaban un suelo frío, casi congelado. El sonido de mis pasos resonaba, y ca