Narrado por Lara
Después de que mi familia embarcó de regreso a Brasil, el silencio dentro de la casa se volvió diferente.
Ya no era el silencio del desprecio. Era un silencio de paz. Un tipo de vacío que no dolía, al contrario, calmaba.
Las empleadas se movían con pasos suaves, como si incluso ellas sintieran que algo había cambiado. Los pasillos parecían más amplios. El aire, más ligero. Por primera vez desde que puse un pie en Dubái, sentía que ese lugar era mío. Y no solo un castillo de vid