Nayla
Llegué a casa con el cuerpo exhausto y la mente inquieta. El cansancio no era solo físico; había un peso constante en el pecho, una sensación de alerta permanente que no me abandonaba desde el día en que acepté aquel acuerdo. Fui directamente al baño, tomé una ducha larga, lavé mi cabello con cuidado y dejé que el agua corriera por mi espalda como si pudiera llevarse parte de la ansiedad. Me sequé con calma y me acosté por unos minutos, poniendo una alarma en el teléfono.
Intenté descansa