Adir
Zayd y yo comenzamos a revisar la contabilidad de la fiesta de la noche anterior con calma, línea por línea. El silencio en la oficina era pesado, interrumpido solo por el sonido de los billetes siendo organizados y por los cálculos rehechos más de una vez. Aun así, los números no cuadraban.
Faltaba dinero.
Zayd levantó la mirada lentamente, mirándome con seriedad. Volvimos a rehacer las cuentas, una, dos, tres veces. El resultado seguía siendo el mismo. El desvío era demasiado evident