Nayla
Siempre supe el peso de sostener una casa sola. Desde el día en que mis padres murieron, todo cayó sobre mí. Yo tenía diecisiete años. Amir, mi hermano, quince. Hoy él tiene dieciocho y yo veinte. El tiempo pasó demasiado rápido, y a veces me pregunto si hice todo bien. Aun así, sé que hice lo posible.
Volví del trabajo agotada aquella tarde. Trabajaba en el mercado central, atendiendo clientes, limpiando puestos, sirviendo, cargando cajas, haciendo lo que fuera necesario. Tenía más de un