Nayla
Ella vino hacia mí como un animal enfurecido, como esos toros cuando ven el paño rojo. No pensé. Cuando llegó demasiado cerca, la empujé con fuerza.
Cayó al suelo.
Antes de que pudiera reaccionar, yo ya estaba encima de ella, golpeando su rostro contra el asfalto caliente de la calle. Empezó a gritar. Logró darme una patada y rodé hacia un lado.
Eso solo aumentó mi rabia.
Antes de que se levantara, me senté sobre ella otra vez y empecé a golpear con el puño cerrado. Nunca fui de pegar con