Zayd
Subí hasta la sede principal del distrito con la sangre hirviendo. Cada paso parecía más pesado que el anterior, pero mi mente estaba clara. Esto tenía que hacerse hoy. Cuando llegué a la entrada, los guardias me detuvieron de inmediato. Sus miradas eran frías, casi provocadoras. Estaban disfrutando impedirme el paso, tratarme como si fuera alguien descartable.
Tragué el odio en seco. Eso no era para ahora. Su momento todavía iba a llegar.
Uno de los hombres llevó el mensaje al interior.
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