Zayd
Empecé a caminar de un lado a otro en la oficina, intentando decidir si llamaba o no. Ese nombre en el papel quemaba en mi mano. Yo no era un hombre que hiciera acuerdos con gente del otro lado — mucho menos con alguien como Farid. Gente como él no negociaba, planeaba. Y yo sabía muy bien que su grupo no dudaba en eliminar a quien se interpusiera en su camino.
Respiré hondo, tomé el teléfono y marqué el número.
Al tercer tono, contestó.
Llamada
Farid:
Zayd… tardaste. Pensé que la mujer que