El trayecto de regreso a la mansión transcurrió en un silencio que amenazaba con asfixiarme. Las luces de la ciudad pasaban veloces al otro lado de la ventanilla, pero mi mente seguía anclada en la pista de baile, repitiendo sus últimas palabras como un eco incesante.
«Porque esto ya no es solo un trato.»
Había pasado semanas convenciéndome de que podía manejar la situación, de que el muro de odio que había construido entre los dos sería suficiente para protegerme. Pero esa simple confesión hab