Drea
Sabía que Misha estaba enfadado, pero no esperaba encontrarme con una pistola apuntándome cuando regresé. Solo necesitaba despejarme un poco la cabeza, aunque quizá no hacía falta, porque una bala habría servido igual de bien.
Por suerte, su expresión cambia cuando se da cuenta de que soy yo y baja el arma.
—Joder, lo siento —suelta, guardándose la pistola en la cintura—. No estaba seguro de quién era.
Me abrazo a mí misma con nerviosismo.
—Supongo que debería haberme anunciado, pero ni si