Jennifer
—Dios, necesito esto —exclamo mientras tropiezo hacia la puerta trasera, con cuatro shots revueltos dentro de mí como máquinas de pinball descontroladas en un arcade. Apenas puedo manejar una bebida, mucho menos cuatro, pero no quise decirle que no al hombre, ya que fue tan amable conmigo, y a Kasyan no pareció importarle.
Jinx está en la misma posición que anoche, ya fumando un cigarrillo apoyada contra la pared de ladrillo, cuando llevo uno de los míos a mis labios.
—¿Me regalas fueg