Capítulo 23
Fabiana
No dije ni una palabra en el camino de vuelta a casa, y Don tampoco. Cuando salimos del coche me ayudó, y con una bonita pose se inclinó para coger una rosa de otro color del jardín. Miré la rosa y luego a él: ese hombre necesita que lo estudien.
- Eres un auténtico gilipollas, ¿verdad? Debería darte vergüenza. ¿O vas a arrancar todas las rosas que plantes, intentando disculparte por la mierda que haces? - se rió y quise hacerle tragar la rosa entera, incluso me imaginé metiéndosela por la garganta.
- Nunca imaginé que casarme contigo me daría tanta diversión. Eres la mejor esposa que podría encontrar, de verdad -lo miré, fulminándolo con la mirada.
- Gilipollas. Igual me pongo esos zapatos feos de punta y te pisoteo el dedito del pie -volvió a reírse y me levantó por la cintura, apretando-.
- Cuanto más hablas, más me excitas, bella mía -me callé. - Mi prima nunca más se atreverá a jugar cerca de ti. Y Susany...
- Intenta entrenar a esa z