Pau movió la cabeza negando.
—Es raro que el abuelo se enoje, pero hoy lo está —expresó—, será mejor esperar a que baje con su nueva imagen. —Presionó sus labios.
—Te mereces un buen castigo —añadió Gabo—, además como no vas a la escuela, no sabes utilizar las tijeras, pudiste causar un accidente —indicó.
Angelito inclinó su rostro y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—La abuela dijo que le ayudaríamos a verse mejor —indicó—, y ahora a nosotros nos castigan —reprochó llorando.
—Ya hablaremos en