Paula María estaba sentada en la parte trasera del auto de Malu, sostenía en sus piernas a Angelito, quien iba atento observando el panorama.
—No es buena idea ir a la hacienda —expresó con nerviosismo—, mejor vayamos a otro lugar —sugirió.
Mafer giró su rostro y le sonrió.
—Ya no puedes negarte, dijiste que sí —expresó la chica—, además a mis papás les dará gusto verte, todos estuvimos tristes pensando que en verdad habías muerto.
Pau se aclaró la garganta.
—Es de sabios cambiar de opinión