Ely cerró los ojos percibiendo una opresión en su pecho, observó a Carlos con la mirada cristalina.
—Cuidate —sollozó—, y rescata a nuestro hijo —suplicó con la voz entrecortada.
Carlos se aproximó a su esposa y acarició su mejilla.
—Seguiremos las indicaciones del agente, no nos bajaremos del auto —respondió Carlos—. Sé que es peligroso, y nada conveniente, pero es peor quedarnos aquí sin saber nada.
—Es imposible —respondió el agente—. Sería peligroso.
—Iremos de todos modos —aseguró Joaquí