Carlos Gabriel no podía conciliar el sueño, cada ruido que escuchaba lo sobresaltaba y el corazón le latía desbocado.
Suspiró profundo y acarició con delicadeza el dorado cabello de Paula María.
—No voy a permitir que vuelvan a lastimarte —susurró—, nadie volverá a hacerte daño, lo juro —expresó apretando los dientes con impotencia.
El rugido de un motor provocó que el corazón de Gabo se disparara, se asomó con sigilo a la ventana y notó que era un auto vecino, soltó el aire que estaba cont