Había vuelto por fin al delicioso clima de Fargo que tanto extrañaba, los días nublados y el viento frio. Ese día en particular estaba lloviendo, por lo que con una sonrisa tomé la sombrilla y salí de la casa, con mamá mirandome con mala cara.
Luego de 10 minutos caminando bajo la lluvia crucé la puerta principal de la escuela y todas las miradas cayeron inmediatamente sobre mi, en especial la de Layla, que corrió hacia mi con una enorme sonrisa.
—¡Emily! ¡Estaba preocupandome de nuevo! ¿Dónd